¿Qué pasaría si… hay una vacuna y la gente no quiere vacunarse?

Un grupo de estudiantes del máster en Investigación Multidisciplinar en Ciencias Experimentales del BIST-UPF reflexiona sobre una potencial vacuna contra el coronavirus.

Una vez tengamos una vacuna contra el coronavirus, ¿habrá gente que no querrá vacunarse? Y ¿qué motivos les llevará a defender esta decisión?Foto del National Cancer Institute via Unsplash.

Una vez tengamos una vacuna contra el coronavirus, ¿habrá gente que no querrá vacunarse? Y ¿qué motivos les llevará a defender esta decisión?Foto del National Cancer Institute via Unsplash.

En España estamos en la “nueva normalidad” después de 99 días de estado de alarma. Unos días marcados por una crisis sanitaria con precedentes que, en nuestro país, se remontan a un siglo atrás con la epidemia de la Gripe Española. En esta nueva etapa con una etiqueta más o menos ajustada a la realidad que nos espera, el uso de mascarillas y mantener la distancia física de seguridad serán medidas que se mantendrán hasta que llegue la vacuna contra la COVID-19.

Pero una vez esté a nuestro alcance y, después de las consecuencias vividas mundialmente, ¿habrá gente que no querrá vacunarse? Y en este caso, ¿qué motivos les llevará a defender esta decisión? 

Vacunas sí o no – un debate de largo recorrido

Si repasamos la cobertura de inmunización de la vacuna de la gripe común, en España hubo tan solo un 55,7% del total de personas en riesgo (mayores de 65 años) vacunadas en la temporada del 2017 y 2018, cifra que descendió un 10% respecto 8 años atrás. En países como EEUU, este porcentaje es del 59,6% en esta misma temporada. Si bien nos esperaríamos que estos valores fuesen similares a los de la vacuna de la difteria, tosferina y tétanos, que rondó el 97% en ambos países durante el 2018, existe una tendencia a no priorizar la protección frente a este virus estacional que año tras año causa la muerte a entre 290.000 y 650.000 personas globalmente.

Pero, ¿qué razones puede haber detrás del rechazo hacia las vacunas?

  • La sensación de falsa seguridad respecto a ciertas enfermedades que han sido erradicadas precisamente gracias a las vacunas o que no se sienten letales en muchos de nosotros, como la gripe. Ejemplo de ello es la difteria, enfermedad bacteriana cuyo impacto es mínimo en países del norte global. Como actualmente no es una amenaza real para la sociedad occidental, uno podría considerar un sinsentido vacunarse. Sin embargo, en 2015 falleció un menor no vacunado en Olot (Girona) por esta misma enfermedad. Para evitar casos similares, es imperativo informar sobre la importancia y los beneficios de la vacunación en enfermedades que todavía constituyen un riesgo para la población.

  • El temor a los adyuvantes. Éstas son sustancias que se añaden a las vacunas en cantidades controladas e inofensivas para el ser humano para aumentar la inmunogenicidad. En numerosas ocasiones, la desinformación y la sensación de que los adyuvantes son elementos extraños, como el aluminio, alimenta la desconfianza de la población y puede constituir un rechazo a la vacunación, por el mero hecho de no entender cómo funcionan. Lo mismo sucede con muchos de los conservantes que encontramos en los productos de alimentación. 

Estos argumentos contra las vacunas en general se ven complementados por otros que han surgido a causa de la pandemia que estamos viviendo y cómo se está gestionando esta crisis sanitaria.

Particularidades de la vacuna contra el SARS-CoV-2

Estamos viendo cómo un día nos dicen que tenemos que desinfectar toda nuestra compra y cómo al siguiente nos dicen que no hace falta. Cómo se publican más de 2000 artículos científicos a la semana sobre este virus, pero aún no se conocen todos sus mecanismos de infectividad. Estamos presenciando cómo se hace ciencia, cómo se investiga un nuevo patógeno a tiempo real. Y eso puede ser abrumador, porque las observaciones científicas no son la verdad absoluta sino fruto de prueba y error. Equivocarse mucho, hasta conseguir entender la naturaleza a la cual nos enfrentamos para, a partir de ahí, empezar a buscar soluciones si constituye una amenaza para nosotros. Y precisamente buscar soluciones a un virus que ya está causando una pandemia mundial significa que hay que trabajar a contrarreloj.

Estamos presenciando cómo se investiga un nuevo patógeno a tiempo real. Y eso puede ser abrumador, porque las observaciones científicas no son la verdad absoluta sino fruto de prueba y error.

La magnitud y urgencia del problema ha llevado a algunas particularidades en la búsqueda de una vacuna contra el SARS-CoV-2 que podrían representar una amenaza a su aceptación por parte de la sociedad:

  • la adaptación de los ensayos clínicos. Con tal de tener una solución lo más pronto posible, se solapan fases que normalmente son consecutivas, o se empieza a producir la vacuna antes de que ésta haya mostrado ser efectiva, como en el caso de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford. Por ejemplo, la agencia europea de medicamentos ya anunció que las vacunas contra el SARS-CoV2 pasarían por una fase de aprobación de vía rápida, pudiendo llegar a saltarse el proceso de aprobación estándar para permitir su comercialización bajo una autorización de emergencia. La preocupación sobre si estos cambios afectarán a la seguridad de la vacuna puede generar una sensación de desaprobación.

  • el interés económico detrás de su producción y la duda sobre su disponibilidad a nivel mundial. El descubrimiento y desarrollo de nuevos medicamentos y vacunas por parte de las industrias farmacéuticas no se realiza solo con el objetivo de servir a los intereses científicos y/o médicos, sino también a la prosperidad económica, ya que son empresas lucrativas sujetas a las leyes del mercado. Esto es así incluso en situaciones de emergencia, como es el caso de la pandemia de la COVID-19, en la que países de todo el planeta se enfrentan al mismo problema y necesitan su dosis de la vacuna. 

De cara al futuro

El fin de la confrontación entre los argumentos en contra de las vacunas y la comunidad científica requiere de un puente comunicativo y de debate generador de opiniones propias fundamentadas, contrastadas y críticas. Solo así podremos colaborar en la construcción de una sociedad empática y cooperativa. Creemos que esta comunicación debe ser transparente, dejando claro que hay beneficios económicos involucrados, pero salvaguardando la efectividad del producto final: la vacuna.

Es importante establecer un debate de opiniones fundamentadas, contrastadas y críticas: una comunicación transparente, dejando claro que hay beneficios económicos involucrados, pero salvaguardando la efectividad del producto final: la vacuna.

Pero, si a pesar de esto, una parte de la sociedad optara por no vacunarse, ¿sería ético obligar a toda la población a vacunarse?


Sobre los y las autoras:
Aritz Lafuente, Mireia Codina, Morena Pinheiro y Sergi Campos son estudiantes del Máster en Investigación Multidisciplinar en Ciencias Experimentales del BIST-UPF. Cada uno de ellos viene de una rama científica diferente, pero les une la ciencia. En su cuenta de Twitter @VacciBate hacen divulgación sobre las vacunas, intentando generar un debate online sobre sus beneficios, aunque también sus riesgos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *