Las adicciones, un camino sin vuelta atrás

Ya sea alcohol, tabaco, cocaína o cannabis, las drogas crean una dependencia de la que es difícil salir. Explicamos los mecanismos detrás de las adicciones y qué investigación se está llevando a cabo al respecto.

Adicciones

La adicción al alcohol es una de las que más estragos causa. Fotografía de CHUTTERSNAP en Unsplash

Hablar de adicciones es hablar de la motivación y la recompensa. El sistema límbico y las zonas corticales del cerebro controlan estos mecanismos en nuestro cuerpo. Forman un circuito cerebral que nos empuja a actuar para sobrevivir como especie. Por ello, las acciones que nos manda hacer nos dan un beneficio o placer. Todas aquellas cosas que nos permiten sobrevivir nos gustan y las disfrutamos. El ejemplo más claro es el sexo, cuyo objetivo biológico es la reproducción. Sin embargo, comer, beber y estar en contacto con amigos y familia también son acciones promovidas por la motivación y la recompensa.

Lo que nos permite sobrevivir como especie nos da placer. Buscamos estas conductas porque nos gustan.

¡Arriba las manos! Esto es un secuestro… de tu cerebro

Todas las drogas de abuso, tanto las legales como las ilegales, actúan sobre este circuito y secuestran su función. Es decir, bloquean la recompensa de las acciones que nos hacen sobrevivir. Desde ese momento, estas pasan a un segundo plano. La única recompensa la da tomar la droga y, por lo tanto, la única motivación es conseguirla.

Una vez que se ha “secuestrado” ese circuito, ya no hay vuelta atrás. Siempre se seguirá buscando la recompensa de la droga, aunque ya no se consuma. Por lo tanto, la adicción es una enfermedad crónica y una persona adicta no puede dejar de serlo. Si no consume, estará en abstinencia, pero tendrá la necesidad de consumir. Lo explica muy bien Leo McGarry, el jefe de gabinete en la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca cuando habla de su alcoholismo tras años de abstinencia.

Por suerte, consumir una vez no siempre se convierte en una adicción. El sistema de motivación y recompensa no es tan fácil de secuestrar. Así que es fácil que beber una copa de vino, fumar un porro o consumir cualquier otro tipo de sustancia no vaya a volver adicto de golpe a quien la tome. Sin embargo, contribuyen, ya desde el principio, a modificar el sistema.

Los factores de riesgo de la adicción

No hay una fórmula mágica que nos diga cuántas veces tiene que consumir una persona una droga concreta para volverse adicta. Al revés, la cantidad y la diversidad de factores que influyen son tales que sería imposible poder predecirlo. No obstante, las investigaciones en el campo han determinado varios factores clave de vulnerabilidad a la adicción.

Para empezar, existe una clara predisposición genética. Eso significa que hay personas que, por su información genética, se vuelven adictas más fácilmente que otras, aunque consuman menos. Es decir, en su caso, el control del sistema de motivación-recompensa es más propenso a descompensarse. No obstante, el mecanismo por el que pasa esto todavía no está claro. Hasta ahora, la adicción se ha relacionado con la presencia o ausencia de algunas variantes genéticas concretas, pero no se ha podido determinar exactamente por qué.

Por otra parte, el sistema de motivación-recompensa también se puede descompensar por la situación social que vive la persona. En este caso, tampoco hay una coyuntura concreta que desencadene la adicción. Pero, como en el caso anterior, se han detectado algunas que la favorecen. La primera es la exposición constante a situaciones de abuso de sustancias, de abuso físico o de estrés, especialmente en edades tempranas. La segunda es el sentimiento de aislamiento social. La gente que siente que no tiene el respaldo de familia o amigos o tiene poca interacción con ellos – el tipo de contacto social que da una recompensa al sistema límbico – es más propensa a caer en adicciones. En esta categoría también entraría la presión social que sienten algunos adolescentes por consumir para sentirse integrados en su círculo de amigos.

En busca de tratamientos eficaces

En este momento hay principalmente dos métodos para tratar la adicción, dependiendo de la droga y del grado de adicción que se tenga.

El primero es un tratamiento sustitutivo que consiste en dar una droga menos destructiva en un ambiente controlado y más sano. Es el caso de la metadona como sustitutiva de la heroína o los parches de nicotina, de los cigarrillos.

El segundo es la abstinencia, el dejar de consumir completamente, que se recomienda para el alcohol, por ejemplo. En este caso, se suele participar en grupos de ayuda donde hay interacción social y que actúan como tratamiento sustitutivo, ya que esta socialización ofrece esa recompensa tan necesitada.

El 18-20% de la gente que consume drogas se vuelve adicta

Pero hay algunas drogas que no tienen tratamiento sustitutivo y en las que la abstinencia es muy difícil de conseguir. Entender cómo actúan esas drogas a nivel neuronal puede ayudar a diseñar nuevos tratamientos.

Una de ellas es la cocaína. El grupo de Neurobiología del Comportamiento (GReNeC) del MELIS-UPF está estudiando precisamente cómo esta afecta al sistema límbico. A través de investigaciones con ratones, el equipo busca qué mecanismos neurobiológicos se ven afectados al consumir cocaína y qué proteínas interactúan con la droga. De esta manera, pueden convertirlas en dianas terapéuticas y encontrar tratamientos para tratar la adicción.

Las drogas en el tejido social

Hay drogas que están más aceptadas socialmente que otras. Algunas han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos, mientras que otras acaban de llegar. Sin embargo, todas hacen estragos en mayor o menor medida.

El alcohol es la droga legal más aceptada socialmente, junto con el tabaco. Incluso hay quien no la considerada una droga. Sin embargo, provoca más daño social e individual combinado que la heroína y que la cocaína. Es cierto que el alcohol se consume mucho más que las otras dos y, por lo tanto, solo por ubicuidad, es más probable que provoque más daño global, aunque sea en pequeña proporción al número de consumidores. No obstante, da que pensar. En el documento publicado por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) sobre la prevalencia del consumo de drogas en España, el 93,2% de las personas encuestadas contestaron que habían probado el alcohol al menos una vez en la vida. En cambio, solo el 11,7% había probado la cocaína y un 0,6%, la heroína.

Debemos olvidar el tema de drogas blandas y duras, porque todas las drogas son drogas y todas las drogas pueden producir adicción
Olga Valverde, GReNeC-Bio

Según el mismo documento, el 40,9% de la gente había probado el cannabis. Los datos concuerdan con el resto de Europa donde es la droga ilícita más consumida y la más aceptada socialmente. Más del 10% de la población consume cannabis habitualmente en España.

Los datos pueden ser preocupantes porque, aunque se piense que el cannabis es una droga inocua, puede ser muy peligrosa en ambientes recreativos donde no se controla la dosis ni la calidad. Es especialmente peligrosa para los jóvenes, que son los que más la consumen. Se ha visto que puede ser el detonante de trastornos como la psicosis o la esquizofrenia en adolescentes, cuando el cerebro todavía no está del todo desarrollado.

Sin embargo, hay que resaltar el impacto de algunos principios activos del cannabis en el uso terapéutico. Se ha demostrado que el cannabis funciona como antiemético, es decir, que evita los vómitos, en pacientes con epilepsia infantil o que alivia la rigidez muscular de enfermos de esclerosis múltiple. En ese caso, su toma tiene que hacerse bajo la supervisión de un especialista. El acceso al cannabis medicinal es, en 2025, muy restrictivo, pero se está trabajando para que llegue a quien lo necesita de manera segura.

Todavía queda mucho por aprender sobre la adicción y cómo combatirla. Sin embargo, está claro que no es un problema menor y que tanto la aceptación de algunas drogas como su estigma puede complicar la lucha contra ellas. El grupo GReNec-Bio del Departamento de Medicina y Ciencias de la vida, Universidad Pompeu Fabra (MELIS-UPF) trabaja para que entendamos los mecanismos neurobiológicos que la controlan y, así, encontrar tratamientos más eficaces para controlarla. Sin embargo, evitar el consumo de sustancias es la mejor manera de esquivar la adicción.

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