Francisca Casas-Cordero y Claudia Sanz (ISGlobal): «La diversidad también influye en qué investigamos y en cómo lo hacemos»

El proyecto europeo INCLUDE presenta un manifiesto que invita a las instituciones científicas a revisar cómo las desigualdades y las relaciones de poder influyen en la investigación biomédica.

Francisca Casas-Cordero y Claudia Sanz conversan ante una pantalla donde se presenta el INCLUDE Manifesto sobre equidad y diversidad en la investigación biomédica.

Francisca Casas-Cordero (izquierda) y Claudia Sanz durante una presentación del INCLUDE Manifesto for Equity and Diversity in Biomedical Research.

¿Quién decide qué se investiga? ¿Qué poblaciones participan en los estudios y cuáles quedan fuera? ¿Cómo se distribuyen los recursos, la autoría y el reconocimiento? Estas son algunas de las preguntas que plantea el proyecto europeo INCLUDE (Fostering INCLUsive biomeDicine gEps in research and higher education institutions). El Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), uno de los centros alojados en el PRBB, forma parte de las 11 organizaciones europeas que participan en el proyecto.

En el marco del proyecto, se ha creado el Manifiesto INCLUDE para la Equidad y la Diversidad en la Investigación Biomédica. El manifiesto hace un llamamiento tanto a las instituciones como a la comunidad investigadora para abordar las desigualdades estructurales que configuran el conocimiento científico, los entornos de investigación y los resultados en salud. Se puede apoyar el manifiesto tanto a nivel personal como institucional.

El 13 de noviembre de 2026, el Auditorio del PRBB acogerá la conferencia final del proyecto INCLUDE. La jornada presentará el manifiesto y otros resultados del proyecto, y abrirá un espacio de debate sobre cómo avanzar hacia una investigación biomédica más equitativa, diversa e inclusiva.

Hablamos con Francisca Casas-Cordero, socióloga especializada en metodologías participativas y miembro de la Unidad de Cultura Científica de ISGlobal y de su Grupo de Decolonialidad, y Claudia Sanz, ambientóloga, doctora en Toxicología Ambiental y técnica de divulgación de la misma unidad.

¿Qué es el Manifiesto INCLUDE y qué propone?

El INCLUDE Manifesto es una herramienta que recoge la visión y los principales aprendizajes que hemos ido construyendo durante el proyecto INCLUDE sobre igualdad, diversidad e inclusión en la investigación biomédica.

Su punto de partida es que la ciencia no es neutral ni se produce al margen de las relaciones de poder. Esto puede parecer obvio, pero en la práctica es fácil olvidarlo. Las prioridades de investigación, la distribución de los recursos, quién toma las decisiones o qué conocimientos se reconocen como relevantes están atravesados por desigualdades y relaciones de poder.

Desde una perspectiva interseccional, el manifiesto propone observar estas desigualdades de una forma más compleja. Es necesario entender cómo interactúan factores como el género, la racialización, la clase social, la discapacidad, el origen o la posición geográfica.

Avanzar hacia una ciencia más equitativa no consiste solo en mejorar la representación de distintos colectivos. También implica revisar las prácticas, las estructuras y las culturas de las instituciones científicas.

¿Por qué era importante impulsar un manifiesto como este precisamente ahora?

Nos encontramos en un momento contradictorio. Durante los últimos años, muchas instituciones científicas han avanzado en políticas de igualdad, género y diversidad. Al mismo tiempo, sin embargo, estamos viendo un fuerte cuestionamiento de estas agendas y, en algunos contextos, incluso retrocesos.

Además, muchas desigualdades siguen profundamente incorporadas al funcionamiento de la ciencia. Lo vemos en quién tiene acceso a los espacios de decisión, cómo se distribuyen los recursos y el reconocimiento, qué poblaciones están representadas en la investigación o las relaciones desiguales que todavía existen entre instituciones del Norte y del Sur Global.

También aparecen nuevos retos, como la reproducción de sesgos mediante la inteligencia artificial y los sistemas de datos. Si los datos son incompletos o están sesgados, estas herramientas pueden reproducir y amplificar desigualdades existentes.

En este contexto, nos parecía importante ir más allá de las declaraciones generales sobre diversidad y poner sobre la mesa una discusión más estructural sobre poder, desigualdad y producción de conocimiento.

¿Qué aspectos del manifiesto consideráis especialmente relevantes para la comunidad científica del PRBB?

Prácticamente todos, precisamente porque el PRBB concentra una comunidad científica muy diversa e internacional, y reúne instituciones con culturas, disciplinas y formas de producir conocimiento diferentes.

Pero destacaríamos especialmente la invitación a conectar la equidad y la diversidad con la propia calidad de la ciencia. A veces, estos temas se entienden como una cuestión paralela a la actividad científica, relacionada sobre todo con los recursos humanos o las políticas institucionales. El manifiesto pone el acento en que también afectan directamente a qué investigamos y cómo lo hacemos.

Por ejemplo, debemos preguntarnos quién define la agenda de investigación, quién participa en un estudio, qué poblaciones quedan fuera, cómo interpretamos los datos, con quién establecemos colaboraciones o cómo distribuimos la autoría, los recursos y el reconocimiento.

En un espacio como el PRBB, donde conviven tantas disciplinas, instituciones y personas procedentes de contextos distintos, existe una oportunidad especialmente interesante para abrir estas conversaciones. Podemos pensar colectivamente qué significa producir una ciencia no solo excelente, sino también más justa.

¿Cómo podemos evitar que la adhesión al manifiesto se quede en un gesto simbólico?

Este es probablemente el principal reto. Firmar un manifiesto no transforma una institución. Las instituciones suelen incorporar el lenguaje de la igualdad y la diversidad mucho más rápido de lo que modifican sus prácticas.

El manifiesto puede ayudar a poner nombre a los problemas, crear un lenguaje común y abrir conversaciones que a menudo resultan incómodas. Pero no sustituye las políticas ni los cambios estructurales.

Para tener un impacto real, cada institución debería preguntarse qué significan estos principios en su contexto y traducirlos en decisiones concretas. Esto puede implicar revisar procedimientos, dedicar recursos, establecer responsabilidades, generar datos que permitan identificar desigualdades y crear mecanismos para evaluar los avances.

Por último, es importante mantener abierta la dimensión crítica. La interseccionalidad no debería convertirse simplemente en una nueva etiqueta institucional. Lo que hace potente este concepto es precisamente que nos obliga a preguntarnos quién tiene poder, quién queda fuera y qué estructuras producen estas desigualdades.

El manifiesto puede ayudar a abrir este camino, pero el cambio depende de lo que hagamos después con él.

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