En la investigación biomédica, el trabajo con animales forma parte de un entorno altamente regulado, sometido a criterios éticos, científicos y de bienestar animal muy estrictos. Su uso solo se plantea dentro de un marco basado en los principios de las 3R: reemplazar a los animales siempre que sea posible, reducir su número al mínimo imprescindible y refinar los procedimientos para minimizar su sufrimiento y mejorar su bienestar. Pero detrás de los protocolos, las autorizaciones y los procedimientos, también hay una dimensión humana que a menudo queda en segundo plano. Se trata del impacto emocional que puede tener trabajar de forma continua con animales en investigación.
Las personas que trabajan en animalarios, equipos técnicos o grupos de investigación pueden tener un vínculo profesional muy estrecho con los animales que cuidan o utilizan en sus estudios. Este trabajo requiere responsabilidad, precisión y sensibilidad, y también puede implicar situaciones emocionalmente difíciles, como la toma de decisiones sobre la aplicación de puntos finales humanitarios o la eutanasia. Este agotamiento emocional se conoce como fatiga por compasión.
La fatiga por compasión hace referencia al malestar psicológico que pueden experimentar las personas expuestas de forma repetida al sufrimiento, la vulnerabilidad o la muerte de otros seres vivos. Es un concepto que se ha estudiado sobre todo en ámbitos como la medicina, la enfermería, la veterinaria, los cuidados o las emergencias, pero que cada vez se reconoce más también en el ámbito de las ciencias de animales empleados en investigación.
¿Qué dice la investigación?
La literatura científica describe la fatiga por compasión como un fenómeno relacionado con el estrés traumático secundario, pero diferente del síndrome de burnout. Ambos pueden compartir algunos síntomas, como el agotamiento emocional, la distancia respecto al trabajo o la pérdida de motivación. Pero mientras que el burnout se asocia sobre todo al estrés laboral crónico, la sobrecarga o la falta de apoyo, la fatiga por compasión está más vinculada a la exposición continuada al sufrimiento, la vulnerabilidad o la muerte de otros seres vivos.
De hecho, una revisión sistemática publicada por Fiona Cocker y Nerida Joss en 2016, centrada en profesionales de la salud, las emergencias y los servicios comunitarios, la define como una respuesta de estrés asociada a la exposición continuada al sufrimiento de otras personas. Esta revisión también subraya que la fatiga por compasión puede afectar al bienestar personal, la relación con los equipos, la calidad de la atención y la continuidad profesional.
La fatiga por compasión no es una falta de profesionalidad, sino una respuesta emocional que puede aparecer en trabajos basados en el cuidado y la exposición al sufrimiento.
Un elemento importante de esta investigación es que la fatiga por compasión no se entiende solo en negativo. Herramientas como el cuestionario ProQOL, del inglés Professional Quality of Life, analizan tres dimensiones relacionadas: el burnout, el estrés traumático secundario y la satisfacción por compasión. Esta última hace referencia a la parte positiva del trabajo de cuidado, es decir, a la satisfacción de realizar una tarea significativa, contribuir al bienestar de otros seres vivos y formar parte de un proyecto con sentido.
Cuando este debate se traslada al ámbito de la investigación con animales, todavía encontramos pocos estudios. Pero una noticia publicada en Science en 2023 puso el foco en la fatiga por compasión entre profesionales que trabajan con animales empleados en experimentación. La noticia recogía distintos datos norteamericanos según los cuales la fatiga por compasión puede afectar a una proporción muy elevada de profesionales del ámbito de la investigación que trabajan con animales en algún momento de su carrera. La misma pieza destacaba que algunos de los principales factores desencadenantes son la eutanasia, la falta de aviso sobre los puntos finales de los estudios, la falta de apoyo social y la dificultad para hablar abiertamente del malestar dentro de las instituciones.
Estos datos no deben leerse como una cifra universal aplicable a todos los centros, sino como una señal clara de que el fenómeno existe y de que es necesario estudiarlo en cada contexto.
Otro punto que destaca la investigación es que las respuestas genéricas al malestar emocional no siempre son suficientes. Recomendaciones como “hacer autocuidado” o practicar yoga pueden ser útiles para algunas personas, pero no resuelven necesariamente factores específicos de este entorno profesional. Por ello, distintas iniciativas internacionales han empezado a explorar medidas más adaptadas a la realidad de los animalarios y los equipos de investigación. Entre estas medidas se encuentran mejorar la comunicación sobre los puntos finales de los estudios, crear espacios para compartir experiencias, reconocer mejor la labor del personal de cuidado animal, reforzar el vínculo entre los equipos científicos y el personal técnico, o promover prácticas que mejoren el bienestar animal y también el bienestar de las personas.
Una realidad a menudo silenciosa
Las señales de fatiga por compasión pueden variar mucho de una persona a otra. Algunas personas pueden sentir tristeza, culpa, irritabilidad o agotamiento emocional. Otras pueden experimentar distanciamiento, pérdida de motivación, dificultades para dormir o una sensación de tensión constante. También puede aparecer la necesidad de no hablar del tema, de evitar determinadas situaciones o de normalizar el malestar como si fuera simplemente “parte del trabajo”.
Uno de los principales retos es, precisamente, el silencio. Las personas que trabajan con animales en investigación pueden sentir que no hay un espacio adecuado para expresar este malestar, o pueden temer que hacerlo sea interpretado como una falta de capacidad para asumir sus responsabilidades. Además, la investigación con animales es un ámbito socialmente sensible, lo que puede añadir una capa de complejidad a la hora de hablar abiertamente de las emociones asociadas a este trabajo.
Hablar de fatiga por compasión no significa cuestionar la investigación con animales, sino reconocer una dimensión emocional que a menudo queda poco visible.
En el PRBB, esta reflexión es especialmente relevante. El Parque acoge una comunidad científica diversa, con centros de investigación que trabajan en ámbitos como la biomedicina, la biología molecular, la salud pública, la evolución, la neurociencia o la investigación traslacional. En algunos de estos entornos, el trabajo con modelos animales, como roedores, ranas o peces cebra, es por ahora una parte esencial del proceso científico. También lo es la labor de las personas que los cuidan, que dan apoyo a los equipos de investigación y velan por que el trabajo se desarrolle con los máximos estándares de calidad y bienestar animal.
Por este motivo, el PRBB iniciará durante los próximos meses una evaluación interna para conocer mejor cómo se vive esta realidad en el Parque. La iniciativa ha sido impulsada conjuntamente con el Animalario del PRBB y los equipos de prevención de riesgos laborales y recursos humanos.
Este diagnóstico se llevará a cabo con el acompañamiento de Anneke Keizer, profesional especializada en fatiga por compasión en el ámbito de las ciencias de animales empleados en investigación. El proceso incluirá acciones de sensibilización, recogida de información y espacios de escucha confidenciales entre los días 23 y 25 de noviembre, con la voluntad de entender mejor qué necesidades existen y cómo se percibe este fenómeno dentro de la comunidad del PRBB.
Hacer visible esta realidad es un primer paso para reducir el estigma, romper el aislamiento y construir una cultura científica más abierta, más cuidadosa y más sostenible




