Anneke Keizer: «Personas felices, animales felices, mejores resultados» 

Las personas que trabajan con animales empleados en investigación pueden experimentar fatiga por compasión, especialmente cuando el cuidado, la responsabilidad y las decisiones difíciles forman parte de su día a día.

Portrait of Anneke Keizer, a specialist in compassion fatigue in laboratory animal science.

Anneke Keizer, especialista en fatiga por compasión en el ámbito de las ciencias de animales empleados en investigación, visitará el PRBB en noviembre para llevar a cabo un diagnóstico interno.

Trabajar con animales empleados en investigación puede comportar una carga emocional que no siempre es fácil de poner en palabras. Esta carga puede derivar en fatiga por compasión, una forma de agotamiento emocional que puede aparecer después de trabajar con animales de investigación. 

Anneke Keizer, especialista en fatiga por compasión en el ámbito de las ciencias que utilizan animales para investigación, lleva 16 años ayudando a animalarios y centros de investigación con animales a entender y abordar esta cuestión. En noviembre visitará el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB) para llevar a cabo un diagnóstico interno sobre la fatiga por compasión en el Parque. 

A través de una charla y de conversaciones confidenciales con personas vinculadas a la investigación con animales, recogerá experiencias, identificará necesidades y ofrecerá recomendaciones adaptadas a la comunidad del PRBB, donde se trabaja principalmente con ratones, ratas, peces cebra y algunos modelos de Xenopus

¿Qué hace que las personas que trabajan con animales empleados en investigación sean especialmente vulnerables a la fatiga por compasión? 

Hay muchos factores. Pero uno de los principales es muy sencillo: las personas construyen relaciones con los animales con los que trabajan. 

Esto puede ocurrir cuando los cuidan cada día, cuando los monitorizan o cuando participan en procedimientos y decisiones difíciles. No se trata solo de un momento concreto. Es la acumulación de responsabilidad, la exposición repetida a situaciones difíciles y, a veces, la sensación de que hay que seguir adelante sin mucho espacio para hablar de lo que eso implica. 

En el PRBB, los equipos trabajan principalmente con roedores y modelos acuáticos, incluidos ratones, ratas, peces cebra y algunos Xenopus. ¿El impacto emocional varía según la especie? 

La forma en que las personas se relacionan con los animales puede variar según la especie. Pero los vínculos emocionales no se limitan a los animales que nos resulta fácil reconocer como individuos. Las personas que trabajan con roedores o modelos acuáticos también pueden llegar a conocer muy bien su comportamiento, sus rutinas y sus necesidades. 

Esto es especialmente cierto en el caso de las personas que cuidan a los animales cada día. Los observan, los manipulan e intentan asegurarse de que tengan la mejor vida posible durante el estudio. Con el tiempo, eso genera un fuerte sentido de responsabilidad. 

El enriquecimiento ambiental también puede tener un papel. Cuando las personas cuidadoras ven cómo los animales responden al material de nidificación, a los refugios o a otras formas de enriquecimiento, aprenden más sobre su comportamiento y sus preferencias. Eso puede acercarlas a los animales. Y puede hacer que el final de un estudio sea emocionalmente difícil, tanto si trabajan con roedores como con modelos acuáticos. 

¿La fatiga por compasión puede afectar a las personas de forma diferente según su rol? ¿Y por qué es importante escucharlas a todas? 

Sí. Veterinarios y veterinarias, personal de cuidado animal y auxiliares veterinarios suelen estar más cerca de los animales porque interactúan con ellos cada día. El personal investigador puede tener un contacto menos directo, aunque esto varía mucho. Algunas personas están muy implicadas, mientras que otras pueden estar más centradas en los resultados del estudio. Esa diferencia a veces puede generar tensión con las personas responsables del cuidado diario de los animales. 

Los estudiantes y las estudiantes de doctorado también pueden verse especialmente afectados. Me parece que las generaciones más jóvenes suelen estar más dispuestas a reconocer y expresar sus emociones. Muchas personas de generaciones anteriores aprendieron a no mostrar emociones ni vincularse. Esto puede ser todavía más marcado en algunas culturas profesionales, o entre hombres a quienes se les enseñó que mostrar emociones no era aceptable. 

Pero la fatiga por compasión no se limita a las personas que interactúan más directamente con los animales. El personal implicado en el lavado de jaulas, la limpieza o el apoyo al animalario también puede experimentar malestar. 

A veces, las personas plantean cuestiones muy prácticas que no se reconocen inmediatamente como relacionadas con la fatiga por compasión. Un suelo resbaladizo puede parecer un problema de mantenimiento. Pero si alguien lleva una jaula, se cae y teme que tanto esa persona como el animal puedan sufrir daños, eso se convierte en una fuente de estrés. Escuchar al personal puede revelar estas conexiones e identificar cambios que pueden mejorar tanto el bienestar de las personas como el cuidado de los animales. 

Independientemente de su rol, todo el mundo que manipula animales debería hacerlo con compasión, incluso en una acción tan rutinaria como pesarlos. A menudo digo: personas felices, animales felices, mejores resultados. Cuidar el bienestar del personal y el bienestar animal también contribuye a una mejor ciencia. 

¿Qué señales pueden indicar que alguien está experimentando fatiga por compasión? 

El aislamiento es una señal importante. Las personas pueden alejarse del equipo, volverse inusualmente calladas o esconderse. Pueden ir a un vestuario o a una escalera para sentarse solas. Otras pueden sentirse tristes, sobrepasadas o a punto de llorar, especialmente cerca de procedimientos difíciles o al final de un estudio. 

Las personas responsables de los equipos deben estar presentes. Deben recorrer el animalario y prestar atención a los cambios en el comportamiento de las personas. Si alguien ya no habla o ya no socializa con el equipo, es importante acercarse y preguntarle cómo está. 

Y después escuchar. Eso es importante. Las personas no siempre necesitan consejos. A veces simplemente necesitan que alguien las escuche sin decirles enseguida qué deberían hacer. 

Los animalarios deberían dejar claro que estas emociones son normales. Nadie debería sentir miedo o vergüenza de hablar de ellas. 

Algunas personas se preocupan porque mostrar emociones pueda poner en duda su profesionalidad, o sienten que esto simplemente forma parte del trabajo. ¿Qué les dirías? 

Cuidar no te hace menos profesional. Pensemos, por ejemplo, en médicos y enfermeras. Cuando escuchan, muestran empatía y se preocupan de verdad por lo que estás viviendo, a menudo los consideramos mejores profesionales. Ocurre lo mismo cuando se trabaja con animales. Si te preocupas por ellos y tienes el compromiso de darles la mejor vida posible, estás siendo profesional. 

No os avergoncéis de estos sentimientos. A menudo vienen del hecho de preocuparos por los animales y de querer hacer bien el trabajo. Esas son exactamente las personas que necesitamos en la investigación con animales. Necesitamos personas que presten atención, cuiden y asuman responsabilidades. 

Para las instituciones, el primer paso es reconocer que estas emociones existen y que nadie está exento de ellas. Después, deben ofrecer orientación y crear oportunidades seguras para hablar de la fatiga por compasión. 

Una opción es formar a una persona del equipo como referente de apoyo entre iguales: alguien que sepa escuchar, respete la confidencialidad y no cotillee. En un animalario relativamente pequeño, incluso una sola persona de confianza y bien formada podría marcar la diferencia. 

El apoyo también puede incluir conversaciones en grupo, abordar la fatiga por compasión en reuniones de equipo, crear zonas de descanso acogedoras o espacios tranquilos, y encontrar formas de reconocer o conmemorar a los animales. Pero las medidas concretas deberían surgir de lo que realmente necesitan las personas de cada instalación. 

Visitarás el PRBB en noviembre. ¿En qué consistirá este proceso? 

Empezaré con una sesión de una hora para explicar qué es la fatiga por compasión y qué pueden hacer las personas para cuidarse, tanto en el trabajo como en casa. También hablaremos del lenguaje que se utiliza en los animalarios y de los tipos de apoyo que se pueden introducir. 

Después mantendré conversaciones confidenciales con personas que trabajan con animales o cuyos roles están vinculados a la investigación con animales. Esto no debería incluir solo a veterinarios y veterinarias y personal de cuidado animal, sino también a personal investigador, personas implicadas en el lavado de jaulas y la limpieza, y miembros de comités de ética o de buenas prácticas. 

Las conversaciones durarán aproximadamente 30 minutos. Tomaré notas, pero no registraré los nombres de las personas. Solo identificaré su rol profesional general. Las personas participantes también podrán decirme si hay algo que no quieren que incluya en mis notas o en el informe. 

Quiero entender si las personas están experimentando fatiga por compasión y qué piensan que podría mejorar su entorno de trabajo. Al final de la visita, compartiré los principales temas y sugerencias que hayan surgido. Después prepararé un informe con recomendaciones para el PRBB. 

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