En el PRBB, la ciencia no ocurre en burbujas aisladas. Ocurre bajo un mismo techo, en un edificio que reúne a siete centros de investigación y 1.700 personas, con una mezcla diaria de disciplinas, etapas profesionales y nacionalidades que hace que colaborar sea casi inevitable.
Ese “ecosistema compartido” no consiste solo en estar físicamente cerca. También tiene que ver con las pequeñas estructuras que hacen que un gran edificio funcione como comunidad: espacios y plataformas tecnológicas compartidas, actividades conjuntas y grupos intercentros donde se alinea cómo hacemos investigación. Cuando en el PRBB se quiere cambiar algo, a menudo se sigue esta misma lógica: alguien detecta un problema, habla con las personas adecuadas y la idea se convierte en una mejora concreta.
Aquí es donde el Comité de Igualdad, Diversidad e Inclusión (EDI) del PRBB desempeña un papel clave. Su misión es apoyar al Parque y a sus centros para ser organizaciones diversas, equitativas, inclusivas y respetuosas. En los últimos años, el comité ha impulsado iniciativas como la campaña antidiscriminación #BeRespectful y una encuesta sobre discriminación percibida e igualdad de oportunidades, ayudando a los centros a identificar retos y actuar con datos reales. En 2025, los centros del PRBB también firmaron un compromiso conjunto con la Igualdad, Diversidad e Inclusión, reforzando que esto no es solo una “buena idea”, sino una responsabilidad institucional.
Hablamos de todo esto porque, a veces, las mejores historias empiezan con un detalle que parece menor. En este caso, fueron los nombres en la puerta de una sala de seminarios y una propuesta para cambiarlos: de Marie Curie a Maria Skłodowska-Curie y de Rita Levi a Rita Levi-Montalcini.
Hablamos con Patryk Poliński, investigador posdoctoral en EMBL Barcelona, vinculado tanto al grupo Trivedi como al grupo Dayton, sobre ese “nombre en la puerta”, pero también sobre su investigación actual. Fue él quien propuso el cambio de nombre de las salas de seminarios del PRBB: un ajuste pequeño con un gran impacto en reconocimiento, identidad y cultura científica.
Esa misma idea de “cosas pequeñas con grandes efectos” también está presente en su investigación. Patryk trabaja sobre el exposoma: cómo las exposiciones externas (como la contaminación del aire o el tabaco) e internas (como el cáncer o los patógenos) moldean la biología —desde modelos de desarrollo temprano hasta organoides, e incluso el diálogo entre los cánceres neuroendocrinos y el sistema nervioso.
“Un ecosistema compartido hace que colaborar sea lo normal”
Patryk Poliński, investigador posdoctoral en EMBL Barcelona.
¿En qué estás trabajando ahora en EMBL Barcelona?
Mi investigación se centra en entender cómo el exposoma —el conjunto de exposiciones tanto externas (p. ej., contaminación del aire, humo del tabaco) como internas (p. ej., cáncer, patógenos)— remodela los sistemas biológicos. En particular, investigo los mecanismos moleculares que subyacen a estos efectos, incluida la regulación postraduccional de las respuestas celulares. Dentro del marco del exposoma, estudio cómo estas exposiciones influyen en el funcionamiento del organismo y a nivel de ecosistema.
Experimentalmente, este trabajo abarca el modelado del impacto de las exposiciones tanto en el contexto del desarrollo embrionario como en el del cáncer mediante modelos in vitro (junto con el grupo Trivedi y el grupo Dayton). Recientemente, recibí la Exposome Ambassador Fellowship de ISGlobal. Ahora me entusiasma especialmente explorar el bucle de retroalimentación entre los cánceres neuroendocrinos y su influencia en el sistema nervioso.
Si tuvieras que explicar tu proyecto a alguien del PRBB de un campo totalmente distinto, ¿qué dirías?
Estudio cómo ciertos cánceres interactúan con las neuronas y cómo este diálogo inesperado puede reconfigurar la función neuronal de formas que apenas estamos empezando a comprender.
Has trabajado en grandes entornos de investigación del PRBB: CRG y EMBL. ¿Qué es para ti una buena cultura científica?
Para mí, una buena cultura científica tiene tres pilares: libertad intelectual, seguridad psicológica y sentido de responsabilidad compartida.
Cuando nos sentimos cómodos expresando ideas sin miedo a ser juzgados, cuando la gente escucha de verdad y cuando colaboramos, emerge algo aún mayor.
El aspecto más inspirador de un ecosistema compartido como el PRBB es el espíritu de colaboración. Cada instituto aporta su experiencia única y, mediante el intercambio activo, podemos avanzar en ciencia con más eficacia. Esta cultura de apertura es una ventaja en sí misma. Se vuelve normal que personas de distintos países, campos y etapas profesionales se encuentren, colaboren y se vean como parte de una comunidad compartida en lugar de islas aisladas.
Para mí, una buena cultura científica tiene tres pilares: libertad intelectual, seguridad psicológica y sentido de responsabilidad compartida.
Patryk Poliński, investigador posdoctoral en EMBL Barcelona.
Tú fuiste la persona detrás del cambio de nombre de las salas de seminarios del PRBB. ¿Qué ha cambiado exactamente?
En la superficie, estamos cambiando los nombres de dos salas de seminarios: de Marie Curie a Maria Skłodowska-Curie, y de Rita Levi a Rita Levi-Montalcini. Pero lo que realmente está cambiando es nuestra conciencia. La gente está aprendiendo que detrás de esos nombres hay una historia y una lucha reales.
En lugar de elegir la versión más corta o la más fácil de pronunciar, elegimos respetar esa lucha. Al conocer su historia, usar sus nombres completos y reconocer su identidad y sus deseos, creamos una conexión humana muy poderosa que va mucho más allá de una etiqueta física.
Algunas personas pueden decir: “Es solo una etiqueta”. ¿Qué responderías? ¿Por qué importan los nombres completos?
En teoría, es “solo una etiqueta”, una palabra en una puerta. Pero las palabras tienen significado; por eso las usamos.
Si usamos solo una parte del nombre de alguien, ignoramos sus deseos explícitos y la historia detrás de ese nombre. En estos dos casos, corremos el riesgo de borrar partes de sus historias que las hacen completas y únicas, aspectos que las formaron mientras resistían discriminaciones evidentes.
¿Cómo pasaste de la idea a la aprobación?
Una vez lo tuve claro, el proceso fue bastante sencillo. Escribí un correo detallado a James Sharpe, director de EMBL Barcelona, y a Laura Marín Pedrera, responsable de Administración en EMBL Barcelona, explicando el contexto histórico y por qué creía que el cambio importaba.
Me ayudaron a dar forma a una propuesta clara, me apoyaron para enviarla a las direcciones de todos los institutos del PRBB y, tras sus firmas, enviamos una carta conjunta al director general del PRBB, Jordi Camí, quien aprobó el cambio muy rápidamente.
¿Cómo ha sido la reacción hasta ahora?
La reacción ha sido abrumadoramente positiva, tanto dentro del PRBB como en redes sociales.
A veces, algunas personas comentan que, como Maria Skłodowska-Curie era polaca, igual que yo, estoy “haciendo una reivindicación nacional”. Yo lo vivo de otra manera: aquí todo el mundo tiene una mentalidad abierta, pero venimos de trayectorias distintas y tenemos conocimientos diferentes. En cuanto explico el contexto histórico, la gente entiende enseguida la importancia.
Maria nació en una Polonia repartida bajo dominio ruso, en una época en la que se reprimían la lengua y la cultura polacas, y en la que las mujeres no podían estudiar. Para acceder a la educación, se unió a la “Universidad Volante”, una institución clandestina y autoorganizada que cambiaba de ubicación y a menudo impartía clases por la noche para evitar castigos. Más tarde, en Francia, incluso después de dos premios Nobel en dos campos diferentes, la Academia Francesa de Ciencias la rechazó en 1911. Ella se negó a dejar que esas cosas la definieran; no renunció a su apellido para encajar en las expectativas sociales y firmó los documentos de sus Nobel con ambos apellidos para poner en valor su identidad completa.
Para mí, fue sencillamente una persona extraordinaria y usar su nombre completo es una manera pequeña pero concreta de respetarlo. Estas conversaciones muestran cómo un cambio “pequeño” puede abrir la puerta a reflexiones mucho más profundas.
¿Qué consejo darías a alguien que quiera cambiar algo hacia un entorno laboral más equitativo, diverso e inclusivo?
Empieza por algo pequeño, concreto y específico: una política, una etiqueta, una práctica.
Haz los deberes, habla con las personas a las que pueda afectar y busca aliados con responsabilidad o visibilidad. Nunca estás realmente solo, aunque a veces lo parezca. No tienes que arreglarlo todo de golpe; a menudo, un cambio bien argumentado y realista basta para empezar a mover cómo pensamos sobre equidad e inclusión.
Ese “empezar por algo pequeño” también está muy alineado con la manera de trabajar del Comité EDI del PRBB: combinar sensibilización, herramientas concretas (campañas, políticas, encuestas) y conversaciones comunitarias para mejorar el día a día en los espacios de investigación.
¿Podrías mencionar una mentora (o colega) que haya marcado tu forma de hacer ciencia?
Es una pregunta fácil y difícil a la vez. La ciencia no es solo hacer experimentos; es una manera de mirar el mundo, pensar críticamente y formular preguntas.
Muchas mujeres han marcado mi camino: mi madre, mi primera mentora académica en Polonia y mi primera supervisora internacional. Cada una influyó en cómo hago ciencia y en cómo intento apoyar a otras personas, y lo siguen haciendo hoy.




