Con la llegada del buen tiempo en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB) también se respira un aire diferente. Las terrazas, los pasillos y la plaza interior se convierten en lugares de encuentro, conversación y descanso. Son momentos pequeños y cotidianos, pero que forman parte del día a día de una comunidad que no sólo comparte edificio, sino también proyectos, servicios, retos y maneras de hacer.
La ciencia a menudo se explica a través de los resultados: una publicación, un descubrimiento o una nueva tecnología. Pero detrás de cada avance hay una red mucho mayor de personas, equipos y servicios que lo hacen posible. Durante el acto de celebración de los 20 años del Parque, su director, Jordi Camí, recordaba precisamente que la ciencia excelente no es nunca el resultado de una persona aislada, sino que se construye en comunidad. Y a lo largo de dos décadas, el PRBB ha podido consolidar un modelo basado en la cooperación y la confianza. Como dijo Camí, un modelo donde «el todo es más que la suma de las partes».
Un sentimiento de comunidad que también se refuerza a través de las actividades de formación Intervals y las actividades sociales que se organizan a lo largo del año, como la coral, la orquesta o el boxeo femenino así como el torneo de voleibol que acoge a más de 500 participantes cada año. Momentos que permiten desconectar del trabajo y que facilitan el encuentro entre personas de centros y perfiles diferentes que, de otro modo quizás no coincidirían.
Hoy, el PRBB es una comunidad de más de 1.700 personas de perfiles, disciplinas y trayectorias muy diversas. Y esta es una de sus grandes fortalezas. Porque hacer ciencia también significa compartir conocimiento, generar vínculos y sentirse parte de un proyecto común.
Como dijo Jordi Camí haciendo un símil con los castells típicos de la cultura catalana, sin piña no hay castillo. Y sin infraestructura y comunidad, tampoco hay ciencia de excelencia.




